National Endowment for the Arts - The Big Read
The Adventures of Tom Sawyer

The Adventures of Tom Sawyer

by Mark Twain

The difference between the almost right word & the right word is really a large matter—it’s the difference between the lightning bug and the lightning.


Mark Twain (1835-1910)

Desde el día que nació, Mark Twain ya era un adelantado para su época. Llegó a este mundo como Samuel Langhorne Clemens, en la diminuta población de Florida, en Missouri, con dos meses de antelación. Siendo un niño prematuro, no es de extrañarse que la sombra de un profundo sentido de mortalidad le acompañó durante toda su vida. Además, Twain sobrevivió una juventud marcada por muertes tanto repentinas como espeluznantes.

No sólo se murió su severo padre, el juez John Marshall Clemens, de neumonía cuando Twain tenía once años, sino que se dice que Twain presenció la autopsia que se le practicó a través del ojo de una cerradura. También se sentó al pie de la cama de su querido hermano Henry mientras éste agonizaba tras una explosión en un barco de vapor, y Twain siempre se culpó por haberle conseguido a Henry ese trabajo fatídico a bordo de la embarcación.

Hubo otras tres experiencias formativas que hicieron de Twain el escritor en el que se convirtió. En primer lugar, los narradores de gran talento en medio de los que creció, muchos de ellos esclavos. Después, su trabajo como aprendiz de imprenta. Allí, literalmente unió palabras, compuso tipografía a mano, y observó de cerca qué hace que las frases suenen bien o mal. Y, por último, los años de Twain en California y Nevada, donde trabajó en un periódico y encontró su voz como escritor. Allí eligió el pseudónimo “Mark Twain”, una expresión de las embarcaciones de los ríos que significa dos brazas de profundidad, la diferencia entre aguas seguras o peligrosamente poco profundas. Un cuento increíble llamado “The Celebrated Jumping Frog of Calaveras County” (“La famosa rana saltarina del condado de Calaveras”, 1865), ampliamente reimpresa casi inmediatamente, estableció la base de su reputación a nivel nacional.

Twain regresó del Oeste y emprendió viaje a Oriente, en concreto al Oriente Medio, donde viajó en el primer crucero de lujo de la historia y enviaba reportajes a los periódicos estadounidenses. El resultado final fue un best seller nacional, The Innocents Abroad (Los inocentes en el extranjero, 1869), y la aceptación intelectual de los precursores de tendencias, los editores de la revista The Atlantic Monthly.

Mientras tanto, la vida personal de Twain se asentó. Después de años de soltería, se casó con Olivia “Livy” Langdon, a quien vio por primera vez en un camafeo que llevaba el hermano de ella, Charley, en un barco. Charley hizo que la pareja se conociera a su regreso y, después de dos años, Twain conquistó las dudas de Langdon y se casaron. Ella era recatada y él escandaloso, pero, de alguna manera, funcionó. Después de la muerte de su primer hijo, criaron tres hijas y vivieron tan felices como se los permitió la oscura disposición de Twain.

Los imperecederos recuerdos de su niñez, llevan a Twain a escribir Las aventuras de Tom Sawyer (1876) y, finalmente, Las aventuras de Huckleberry Finn, su continuación más desafiante. Twain escribió bien y fue prolífico a lo largo de casi toda su larga vida, pero estas dos obras complementarias destacan como sus obras maestras sobre los temas de la niñez y del final de la misma.

La incertidumbre financiera y la muerte atormentaron los últimos años de Twain incluso más de lo que lo habían hecho en sus primeros años. Se arruinó manteniendo la hermosa casa que había construido en Connecticut e invirtiendo en una serie de planes alocados. Se le murió una hija, después su adorada pero frágil Livy, y después otra hija. Siguió escribiendo durante estos difíciles momentos, ficción cuando podía, ensayos cuando no podía, además de magníficas cartas y montañas de diarios. Venerado en todo Estados Unidos y en todo el mundo, Twain murió el 21 de abril de 1910.

"La diferencia entre la palabra casi correcta y la palabra correcta es realmente algo grande: es la diferencia entre una luciérnaga y un relámpago".
—Mark Twain tomado de una carta de 1888

Twain sobre la escritura

“Dios sólo muestra sus truenos y relámpagos a intervalos, y así siempre llaman la atención. Éstos son los adjetivos de Dios. Si truenas y relampagueas demasiado, con el tiempo el lector deja de meterse debajo de la cama”.
— tomado de una carta escrita en 1878 a su hermano Orion

“No existe el llamado ‘inglés de su Majestad’. Su propiedad ha pasado a manos de una compañía de acciones compartidas y nosotros somos propietarios del groso de las acciones”.
— tomado de Following the Equator (Viajes alrededor del mundo siguiendo el Ecuador, 1897)

“No señor, en toda mi vida no he trabajado ni un día. Lo que he hecho lo he hecho porque ha sido un juego. Si hubiera sido un trabajo, no lo debería haber hecho”.
— tomado de una entrevista en 1905

“Nunca escribo ‘metrópolis’ por siete centavos porque puedo sacar el mismo dinero por ‘ciudad’. Nunca escribo ‘agente de policía’ porque puedo sacar el mismo dinero por ‘policía’”.
— tomado de un discurso de 1906, “Spelling and Pictures”

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