National Endowment of the Arts - The Big Read
Sun, Stone, and Shadows

Sun, Stone, and Shadows

by Jorge F. Hernández

The temples and gods of pre-Columbian Mexico are a pile of ruins, but the spirit that breathed life into that world has not disappeared… Being a Mexican writer means listening to the voice of that present, that presence.


Temple of El Castillo in Chichen Itza, Yucatan, Mexico (Copyright Mark Segal/Digital Vision/Getty Images)

México es un país lleno de historias, algunas verídicas y otras de pura ficción. Aquellas reunidas en Sol, piedra y sombras: veinte cuentistas mexicanos representan una muestra de la mejor ficción mexicana publicada durante la primera mitad del siglo XX, destacando algunos de los más importantes escritores de la literatura hispanoamericana contemporánea. Los incluidos en estas páginas conforman una geografía literaria: sus lugares de nacimiento cubren casi el total de las regiones, climas y zonas culturales del México contemporáneo. Además, la perspectiva histórica dista de ser estrecha, con autores nacidos ya en las últimas décadas del siglo XIX, durante la larga dictadura de Porfirio Díaz. Escuchar estas voces resulta vital para comprender a los autores que les siguieron.

Apenas resonaron los primeros disparos de la Revolución Mexicana, un renovado espíritu creativo se apoderó de los escritores y demás artistas de México. Pintores como Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros cubrieron con sus murales los muros de edificios públicos, reconociendo el valor del pasado histórico de México y de todo aquello que había sido despreciado por la dictadura previa. Los escritores heredaron una cultura con hondas raíces tradicionales, no obstante lograron que sus obras rebasaran fronteras artísticas. Tales mentes creativas abrevaron de una ironía cruel: mientras que el gobierno del México revolucionario procuraba la consolidación de una nación moderna, muchos políticos continuaron sembrando la semilla de la corrupción y del abuso.

Escritores como Alfonso Reyes y Martín Luis Guzmán sufrieron en carne propia los sangrientos hechos de la Revolución, pero más tarde vieron el creciente aprecio y la amplia traducción de sus obras. Aquellos de la siguiente generación, tales como Octavio Paz o Juan Rulfo, nacieron en hogares de sobrevivientes de la Revolución. La siguiente generación incluyó a Carlos Fuentes y José Emilio Pacheco, quienes escribieron y sobrevivieron la apertura de México hacia el mundo moderno, desafiando los temores de la Guerra Fría y atestiguando la trágica masacre de 1968.

Las historias reunidas en Sol, piedra y sombras se dividen en áreas temáticas, desde la exploración de "La irrealidad fantástica" hasta la revisión de "La íntima imaginación", pasando por las imágenes del México tangible. Aunque individualmente sólidas, estas obras reunidas ofrecen una mirada a los variados rostros de México, sus sabores y colores, los ecos desgarrados o los murmullos del pasado que definen una nación infinitamente diversa y compleja.

"En tinta verde al vuelo sobre hojas amarillentas o en el nervioso repiquetear que antes dejaban escuchar las máquinas de escribir, aquí hay cuentos que se leen como quien dilata una sobremesa sin prisas, como quien narra kilómetro tras kilómetro un viaje que se pierde en atardeceres morados, o como quien recuerda pedazos de vida entre el insomnio hipnótico con el que se desplaza un vagón del Metro en la ciudad de México".
—Jorge F. Hernández tomado de la introducción de Sol, piedra y sombras

Surrealismo mexicano

El movimiento artístico conocido como Surrealismo surgió en Francia, como reacción a las matanzas de la Primera Guerra Mundial y la llegada de la psicología freudiana. Como movimiento artístico —ya sea en la literatura, el cine o las artes visuales— el Surrealismo intentó recrear las obras del inconsciente, especialmente las experimentadas durante el sueño. Al combinar ilusión y realidad, una laxa afiliación de poetas, novelistas, fotógrafos, pintores, escultores y cineastas contribuyeró a formar la nebulosa imaginería del inconsciente del Surrealismo.

Considerado el padre del Surrealismo, el poeta francés André Breton visitó México en 1938. Volvió a París convencido de que había estado en un país que vivía y respiraba el Surrealismo de manera cotidiana. Según la leyenda, Breton en alguna ocasión encargó a un carpintero una mesa, y le describió las medidas que necesitaba dibujándola en perspectiva. Dos semanas después, el carpintero entregó una hermosa pieza triangular de madera tallada, con dos patas muy largas de un lado y un par de patas cortitas por el otro. Había construido exactamente lo que había dibujado Breton y, en su defensa, murmuró que si lo que el extranjero quería era una mesa debió haberlo dicho desde un principio.

Una vez en México, el Surrealismo pronto echó raíces de maneras inesperadas. En la literatura, Octavio Paz, Juan José Arreola, Jorge Ibargüengoitia y otros incorporaron ávidamente en sus obras ese paralelismo del mundo con agudas, y a menudo cómicas, imaginerías. Pintores como Frida Kahlo y Remedios Varo abrazaron al Surrealismo, tal como hizo Salvador Dalí en España, concediéndose licencias para imaginar paisajes que obedecen a la lógica onírica, aunque cuasi fotográficamente realistas en sus detalles. El cineasta español Luis Buñuel, quien había colaborado con Dalí en el parteaguas del cine surrealista en Europa, Un chien andalou (1929), huyó de la Guerra Civil Española y terminó en México, donde realizó diversas películas clásicas, como El ángel exterminador (1962).

Tal como se representa en los grabados de José Guadalupe Posada, los sueños fantasmagóricos de Frida y los murales de Diego Rivera, México es una tierra donde la muerte es tan importante como la vida. En relación a los días católicos de guardar del Día de Todos Santos y el Día de los Santos Difuntos, los mexicanos conmemoran a sus muertos llevando comida, bebida, flores o fotografías hasta las tumbas de sus seres queridos durante los dos primeros días del mes de noviembre en la fiesta del Día de Muertos. Se acostumbra obsequiar a todos los vecinos y amigos vivos sus propias calaveras hechas en azúcar, como recordatorio del destino que nos aguarda a todos. No es de extrañar que el Surrealismo europeo, y sus talentosos intérpretes como Remedios Varo, Leonora Carrington y Luis Buñuel, hallaran su más pura expresión a un océano de distancia, en México.

"El México precolombino, con sus templos y sus dioses, es un montón de ruinas pero el espíritu que animó ese mundo no ha muerto. Nos habla en el lenguaje cifrado de los mitos, las leyendas, las formas de convivencia, las artes populares, las costumbres. Ser escritor mexicano significa oír lo que nos dice ese presente – esa presencia".
—Octavio Paz de su discurso de aceptación del Premio Nobel 1990

La Virgen de Guadalupe, Reina de México

Doce años después de que los exploradores españoles desembocaran en tierras mexicanas, se produjo el milagro de la Virgen de Guadalupe. En 1531, la madre de Jesús de piel morena le apareció varias veces a un indio campesino llamado Juan Diego, un converso católico. Pidió que le construyeran una iglesia en el lugar. Juan Diego le contó a un Obispo lo que había ocurrido, y por supuesto no le creyó. Entonces apareció una colorida imagen de la Virgen en el manto de Juan Diego para validar los hechos. Este milagro condujo a la conversión al catolicismo de unos nueve millones de indios mexicanos. El Vaticano reconoció oficialmente el milagro guadalupano en 1745, y la imagen de la Virgen cuelga ahora sobre el altar mayor de la Basílica de Santa María de Guadalupe en la Ciudad de México.

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