National Endowment for the Arts - The Big Read
Bless Me, Ultima

Bless Me, Ultima

by Rudolfo Anaya

A novel is not written to explain a culture, it creates its own.


Introducción a la novela

Un verano antes de que Antonio Juan Márez y Luna cumpliera siete años, una señora mayor llega a vivir con su familia en Guadalupe, Nuevo México. Esta mujer, a quien llaman La Grande o Última, es una curandera, una sanadora tradicional temida por muchos y misteriosa para todos. Con su conocimiento de las plantas medicinales y su adoración por el llano, usa su magia para ayudar a la comunidad.

Como fue su partera, Última tiene una conexión especial con Antonio. A medida que ella le enseña cosas, la relación entre los dos se hace cada vez más profunda. Antonio es testigo de varios eventos trágicos que alteran profundamente el entendimiento de su historia y su futuro. Después del asesinato de Lupito, un soldado que ha regresado recientemente de la Segunda Guerra Mundial, Antonio empieza a tomar en serio el pecado, la muerte y la vida después de la muerte.

Entre los muchos conflictos que Antonio intenta resolver, el más importante es la tensión entre sus padres. María Luna Márez, una católica devota, hija de granjeros, quiere desesperadamente que Antonio sea sacerdote. Pero su padre, Gabriel Márez, es un ex vaquero, o cowboy, cuyo espíritu errante no ha cambiado a pesar de su matrimonio y sus seis hijos. El mayor sueño de Gabriel no se ha hecho realidad: mudarse con su familia al área de los viñedos de California.

Los sueños de Antonio a menudo presagian el futuro e incluyen a sus tres hermanos mayores, recién desmovilizados de la Segunda Guerra Mundial. Esto sueños surrealistas también reflejan sus dudas existenciales: ¿Por qué existe el mal en el mundo? ¿Por qué parece que a veces Dios castiga a los buenos? ¿Donde iré después de la muerte? ¿Cómo puedo saber la verdad? Creyendo que su Primera Comunión respondería a estas preguntas, Antonio estudia su catecismo y demuestra ser un buen estudiante. A lo largo de sus sueños y sus retos, incluyendo una paliza que le propinan sus compañeros de escuela, la muerte de un amigo cercano y la excentricidad de sus hermanos, Última y su bÚho son una presencia vigilante y benévola.

Bendíceme, Última es una novela sobre la pérdida de inocencia de un muchacho y su camino hacia la madurez. Pero también trata los temas de la tradición y la educación, de la fe y la duda, y del bien y el mal. Y si Antonio no encuentra una verdad absoluta en su bÚsqueda, llega a creer con su padre que “a veces toma toda una vida para adquirir la comprensión, el entendimiento, porque al final la comprensión significa sencillamente sentir amor por la gente”.

Personajes principales de la novela

Antonio Juan Márez y Luna
El narrador de la novela es un muchacho de gran imaginación a punto de cumplir siete años. Debatiéndose entre su herencia mexicano-católica y los milagros habituales del mundo natural, lucha por llegar a la madurez y reconciliarse con las diferentes bendiciones que se esperan de él.

La Familia de Antonio

Gabriel Márez
El padre de Antonio es un ex vaquero que sueña con mudarse con su familia a California.

María Luna Márez
La madre de Antonio es una católica devota de una familia de granjeros que quiere que su hijo menor, Antonio, traiga el honor a la familia haciéndose sacerdote.

León, Eugene y Andrew
Los hermanos mayores de Antonio han estado luchando en la Segunda Guerra Mundial. Su regreso a Nuevo México reaviva el sueño de Gabriel de una nueva vida.

El Círculo de Antonio

Última
También conocida como La Grande, la anciana curandera (sanadora) se une a la familia Márez en sus Últimos días. Muchas personas en el pueblo creen que es una bruja, pero ella usa sus remedios de hierbas para hacer el bien.

Samuel y Cico
Aunque solamente son dos años mayores que Antonio, Samuel y Cico son sabios mentores. Samuel le cuenta a Antonio la leyenda de la carpa dorada el día que Antonio termina el primer grado; el verano siguiente Cico lleva a Antonio a ver el pez mágico.

Horse, Bones, Red, Vitamin Kid y Abel
Esta pandilla está formada por los muchachos con los que Antonio juega y pelea y con quienes finalmente rompe relaciones.

Tenorio
El villano de la novela culpa a Última de la muerte de sus dos hijas pequeñas. Cuando busca venganza e intenta matarla, el bÚho de Última lo deja ciego de un ojo.

Narciso
El borrachín del pueblo y excelente jardinero intenta con valentía detener a Tenorio cuando éste quiere matar a Última. Después de que Antonio es testigo del triunfo de Tenorio sobre Narciso debajo del enebro, las dudas de Antonio acerca de Dios aumentan.

Cómo se llegó a escribir la novela Bendíceme, Última

"Cuando empecé a escribir Bendíceme, Última, estaba escribiendo la historia de Antonio. Este muchacho crece en un pequeño pueblo, como el mío, y lidia con las cosas que yo lidié: la pesca, la escuela, la iglesia y escuchar las historias de la gente de la comunidad. Una noche, tarde, cuando estaba escribiendo, Última digamos que se me apareció. Estaba de pie junto a la puerta y me preguntó qué estaba haciendo. Le dije que estaba escribiendo una historia. Y me dijo que ella tenía que ser parte de la historia. Y cuando le pregunté su nombre, me dijo 'Última'. Y fue allí cuando la novela cobró vida."
—tomado de la entrevista a Rudolfo Anaya realizada por Dan Stone.

Los milagros y la magia en Bendíceme, Última

Nadie duda de la existencia del misterio y de la magia en Bendíceme, Última. Los milagros, señales y símbolos forman una rica parte de la cultura católica de Nuevo México en el mundo de Anaya, un escenario único en el que, durante cuatrocientos años, el catolicismo ha crecido con fuerza a la par de las religiones de los indios Pueblo. Mucha de la lucha de Antonio surge de su deseo por comprender el origen “correcto” de estos milagros: la iglesia católica o la curandera.

El catolicismo le ofrece a Antonio una manera prescrita de ver el mundo. Diligentemente aprende su catecismo, creyendo que la revelación vendrá después de que el cuerpo de Cristo entre en él durante su Primera Comunión (Eucaristía). Adora a la Virgen de Guadalupe, la santa patrona de su pequeño pueblo en Nuevo México, porque representa el perdón. María, la madre de Antonio, es una católica de gran devoción que lo empuja hacia el sacerdocio.

Última nunca contradice a María, pero sus métodos de sanación tradicional son diferentes. Como dice Antonio, “[una curandera es una mujer], sabía de hierbas y los remedios de los antepasados. Mujer milagrosa que curaba a los enfermos… Y puesto que una curandera tiene tales poderes, había la sospecha de que ella misma practicaba la brujería”.

En la novela, estos dos puntos de vista, el de la Iglesia y el de la curandera, a menudo entran en conflicto. El catolicismo venera a la Virgen María, pero la obra de teatro de Navidad de la escuela de Antonio se burla de ella. El pueblo denigra a Última como bruja, pero cuando el sacerdote no puede curar, algunos de los vecinos del pueblo le suplican que use sus poderes.

Última no le dice a Antonio en qué tiene que creer, sino cómo tomar decisiones. Al igual que su padre, ella quiere que Antonio sea capaz de pensar por sí mismo. Al final de la novela, como Rudolfo Anaya ha dicho “Antonio explora la naturaleza con la suficiente profundidad como para ver que Dios está en la naturaleza, no sólo en la Iglesia”.

Leyendas en la novela

La llorona
El origen de la leyenda de la llorona ha sido parte de la cultura del Suroeste desde la época de los conquistadores. Las historias varían, pero todas hablan de este bello y atemorizador espíritu, con cabello largo y negro y vestido blanco, que pertenece a una madre maldita que busca a sus hijos, a los que ahogó, por los lagos y ríos. Los padres han usado esta historia para educar a sus hijos, diciéndoles que la despiadada llorona se los llevaría a una tumba con agua si se quedaban fuera hasta tarde en la noche. En Bendíceme, Última, Antonio tiene una terrible pesadilla:
“Es la llorona —gritaron mis hermanos, temerosos—, la vieja bruja que llora por las riberas del río en busca de la sangre de los muchachos y de los hombres para bebérsela”.

La leyenda de la carpa dorada
Anaya creó esta historia, que se inspira en la mitología cristiana, y en la de las tribus Azteca y Pueblo. El joven Antonio oye hablar de la carpa por primera vez de boca de sus amigos Samuel y Cico. De manera similar a la historia de Noé y el diluvio del Antiguo Testamento, esta historia advierte que, a menos que la gente deje de pecar, la carpa provocará una inundación para purgar su mal. Antonio cree en la historia, pero no puede reconciliarla con su catolicismo. Después de oírla por primera vez, dice que “las raíces de todo lo que siempre había creído parecían tambalearse”. Luego, cuando ve la carpa, queda maravillado por su belleza y se pregunta si una nueva religión podría incorporar la carpa dorada y el catolicismo.

Para Última, aun las plantas tenían alma

Enebro
“Coloca ramas de enebro en la plataforma... Haz que Antonio las corte porque él entiende el poder de un árbol”.

El enebro, un pequeño arbusto que alcanza entre 4 y 6 pies de altura en el Suroeste de los Estados Unidos, se usa para curar dolores de cabeza, gripe, náuseas y picaduras de araña. Los indios también quemaban madera de enebro para festines y hogueras ceremoniales.

Hierba del manso
“De todas las plantas que juntábamos, ninguna ofrecía tanta magia como la hierba del manso”.

Manso significa “calmado” o “tranquilo”. Esta hierba puede curar quemaduras, cólicos de los bebés, e incluso el reumatismo.

Orégano
“Recogíamos bastante no sólo porque curaba tos y fiebre, sino porque mi madre lo usaba como condimento para sazonar los frijoles y la carne”.

Esta hierba también se usa para sanar gargantas irritadas y la bronquitis.

Oshá
“Es como la hierba del manso, lo cura todo”.

A veces considerada un amuleto de la buena suerte, donde mejor crece esta hierba es en las montañas de Nuevo México y Colorado. Además de su poder curativo, también puede mantener alejadas a las serpientes venenosas.

"Yo estaba contento con Última. Caminábamos por el llano y por la orilla del río juntando hierbas y raíces para sus medicinas... Me enseñó a escuchar el misterio de la crujiente tierra y a sentirme un ser completo dentro del tiempo. Mi alma creció bajo su cuidado".
—Antonio en Bendíceme, Última

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